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La Revolución Sera Feminista o No sera

martes, 15 de noviembre de 2011

" LO QUE ME SALE DE LOS TACONES "

 Estaba mirando blogs de moda, por hacerme una ídea para comprarme lo justo, dos, tres piezas "imprescindibles" de temporada y pasar el resto del otoño-invierno, con lo que tengo del año pasado y del pasado al pasado....

Y allí estaban ellos, la locura de la temporada, "los taconazos". 

Conozco a pocas mujeres que no los miren con cierta envidía en los escaparates y hasta mi abuela, señora de 80 años, exclama que en sus tiempos no se llevaban pero que si ahora tuviese mi edad, se los pondría..."si no tuviese los pies tan malos, me los calzaba". Susurra entre anhelos.

Los tacones tienen algo que nos embelesan a tod@s, a ellos que los miran con cierto encanto,(sobre todo cuando van acompañados de una buena pierna), y a nosotras,da igual que lleven pierna o que esten en los escaparates, esperando que los adoptemos y puedan torturar nuestros pies.

Recuerdo haberme pasado una noche en una discoteca mirando a dos Drags Queen, contornearse sobre el escenario, sobre unas plataformas de 20 centímetros, cómo si estuvieran con mis "manoletinas".

No son los botines con los que yo iría a la compra, pero admito que los tacones me fascinan. Y las mujeres que los llevan con tanta elegancia que parecen plumas flotando en el aire, me fascinan mas todavía.

                               

Porque yo a veces me los pongo y ando. Pero ando cómo si algo me sujetase los tobillos y tuviese que ir arrastrando de ello. Ando pero no mas de un kilómetro en total y repartido entre varias horas y bueno, si voy a tener un sitio reservado, dónde sólo tenga que lucirlos para ir al baño o a pedir una copa, voy de sobrada y me pongo los mas altos. (Siempre que vaya en coche).

Hace unos días fuí al centro comercial a pasear por las tiendas mas de moda y asequibles (se sobreentiende cuáles son) para el bolsillo de una ciudadana de a pie, nunca mejor dicho y me topé de bruces con uno de ellos; Brillantes de charol negro, preciosos. Estaban nada mas al entrar. Busqué en el estante mi número; Y lo primero la fotito con el ipad para subirla a twitter, (imposible frenar el momento fetiche) y luego a mirar ropa.
Esos tacones son un cebo para que compres toda la ropa que queda de lujo subida sobre esos "stilettos" de 9 cm.
Y luego lo que la imaginación da de sí...llegando a casa, probándolos con las ligas negras y el picardias trasparente, dos copas de cava, las fresas, el chocolate....y por supuesto el marido,(pareja, amigo, compañero....cada cuál añada lo que guste) que en la vida real ni los mira, no se fija en los tacones, ni en el picardías, ni en las ligas. Mucho menos en cava, las fresas y el chocolate.



Y es que lucir unos tacones de verdad, sólo pasa en las películas, cuando ella se desliza suavemente por los pasillos enmoquetados sobre sus tacones, y él la mira con respeto, admiración y deseo. Pero la realidad de los tacones, es otra muy distinta.        Fué en la boda de Enrique II y Catalina de Médici allá en el año 1533, que la joven novia de 14 años, acudió a su propio enlace con unos tacones poniéndolos de moda en la corte. Moda que ya fué indispensable en la nobleza cuando en 1660 un zapatero, llamado Nicolás Lestage , regaló a Luis XIV unos salones con tacón bajo y a este modelo añadió la variante femenina que incluso Madamme Pompadour, adoptó cómo suyos, haciéndolos llamar "Tacones Pompadour".
Desde ese momento, los Tacones, quedaron ligados a la nobleza, al simbolismo de poder, distinción y elegancia y si alguien quería pertenecer a esta élite debía poseer unos. 
  

En algunas ilustraciones Egipcias se pueden ver a Faraones y Nobles de la época en zapatos de cierta altura, por lo que se remonta bastante mas del siglo XIV/XV la ídea de que el tacón estaba ligado al Poder cómo simbolismo de estar "Por encima del pueblo llano".

Pero en el país del sol naciente, en el año 1800, cuando las Geishas femeninas ocuparon la mayoría derrocando así a los "Geishas masculinos" conocidos también por el nombre de Taikomochi, fué cuando los Tacones, se encontraron con su mayor paradoja. Estos seguían siendo simbolismo de distinción, pero a la vez se convirtieron en el castigo de muchas mujeres Geishas que deformaron sus pies por el fetichismo al que el hombre Oriental quería someterlas, inculcando que el pie pequeño(mutilado por el vendaje) sobre tacón era no sólo símbolo de elegancia, cultura y sabiduría, también lo era de belleza incodicional, de pecado poco accesible y de poder absoluto.



Y hasta nuestros días, hemos sido las mujeres las que hemos aceptado que las desvíaciones de columna, problemas de callosidades, "juanetes", laceraciones y úlceras hayan formado parte de nuestro día a día.
Hemos aceptado la parte material de llevar tacones, que es el simbolismo de la estilización, ...A cuántos Personal Shopper he escuchado decir que unos buenos tacones, "estilizan la figura", y las mujeres, siempre esclavas de la moda, de la sociedad y las tendencias, asumimos que no hay nada que unas buenas tiritas y parches contra el dolor de las rozaduras, nos pueda impedir subirnos a la elegancia, la distinción y la notoriedad.
Pero... ¿qué hay de la parte que no se ve, de aquello que arrastramos generacionalmente, de la memoria colectiva social?, ¿qué dicen los tacones que no podemos oir o ver?.....

Basándome en los análisis que la maestra Clarissa Pinkola, (Analista Jungiana) hace respecto a los cuentos, analizo a la "Cenicienta"....búscada para entrar en sus zapatos de tacón hechos del cristal mas perfecto y reluciente que existía en el reino.
Y si esos zapatos hubiesen hablado contarían que......

"Buscamos a una mujer que tenga cierta debilidad emocional y necesidad de ser sometida a un apuesto príncipe que debe mandar y gobernar a un pueblo, un reino y por su puesto a su joven esposa, que debe acatar normas, ser siempre correcta, educada y distinguida. Somos de cristal frágil por lo que no debe ser una dama pesada, no debe tener cargas familiares y tampoco debe desviarse del camino de la alfombra que el principe colocará para que la joven dama camine."...


Y allí estaba ella, la joven cenicienta que aguantó la humillación de sus hermanastras y madrastra, la víctima naturalizada a la que enseñaron que debía ser responsable, educada y que sus traumas o malestares se quedaban con los ratones y la calabaza, porque ahora, ya había llegado un príncipe para "hacerla feliz".


Durante una semana, en Facebook, lanzé la pregunta de: "Si usas unos buenos tacones, ¿crees que tienes más posibilidades de ligar?....más de un 70% de las mujeres que contestaron no sólo alegaron un rotundo sí, si no que muchas de las chicas más jóvenes se atrevían a contar la anécdota que de cuánto mas altos, atrevidos y caros eran sus tacones, tenían posibilidad de encontrar "un mejor partido". Aimara una chica de Madrid, cóntaba que iba a los entrenamientos de un equipo de segunda siempre bella, ajustada y en tacones y cómo premio, "tiene un fántastico novio con un audi". Asegura que si ese es el precio que a tenido que pagar por unas cuántas rozaduras, le han merecido la pena.


Una vez, debatí acerca de esto con una reconocida antropóloga nacional que me decía que una mujer que se sube a unos tacones, lo hace porque cree que solo de esta forma, puede igualar al poder del hombre. Para el hombre una mujer subida en unos tacones, es una mujer inofensiva, demasiado femenina para "plantarle cara" o comerse su terreno sin el consentimiento de este. Una mujer en unos tacones, es una mujer oprimida, una mujer dolorida, una mujer que intenta abrirse pasos inestables... y ya decían los nativos americanos que la tierra y el poder se sienten descalzos, caminando por la madre tierra, acariciandola con las plantas de los pies, no "hincando" tacones sobre ella.



Pero al final, este año, vuelven a ser la estrella de la temporada, y cada vez mas altos porque, esta es la cultura generacional y social que nos han dejado los tacones y la historía, y mientras por ejemplo la Diosa Beyonce se empaquete en su portada del nuevo disco sobre unos tacones imposibles y las modas nos sigan diciendo que elegancia, distinción y poder se suben sobre tacones, poco podemos hacer, aunque algunas llevemos siempre unas post-party en el bolso.





             Artículo: Carla Vaquera (Autora del libro Las Heridas de las Hijas de la Diosa)

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